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Provocando respuestas posturales desde la cabeza y en sentido descendente:

La posición de la cabeza va a determinar la actividad de la musculatura profunda de la columna hasta el sacro y la pelvis. Desde que nacemos tenemos necesidad de controlar y orientar la cabeza como iniciador del movimiento. En ella se encuentran los principales órganos del equilibrio, la orientación y el control motor. La cabeza, inicia y guía el movimiento, desde ella se activan las fuerzas gravitatorias en sentido descendente, es decir de arriba abajo por la columna hasta la pelvis. La cabeza alineada y orientada en la dirección del movimiento, es “activadora” La cabeza desalineada, hundida o caída, es “desactivadora”.

Por eso, cuando los músculos de cuello y hombros mantienen la cabeza adelantada y en extensión (barbilla alta), las fuerzas de estabilización de la columna pierden uno de sus principales activadores. Esta pérdida de actividad obliga al cerebro a buscar en otros músculos y articulaciones menos adecuados la estabilización de la postura y de los gestos. Este reclutamiento muscular sustitutivo, conlleva la aparición de sobrecargas, contracturas y acortamientos musculares que limitan el libre movimiento y alteran la “posición de base” de la cabeza. Son factores de riesgo al realizar cualquier movimiento y especialmente en los esfuerzos con los brazos.

Provocando respuestas desde los pies y en sentido ascendente:

Los pies son las bases sobre las que el cuerpo se apoya y funcionan como amortiguadores y propulsores de fuerzas, sobre ellos nos impulsamos y desplazamos. Están formados por 26 huesos articulados entre sí, y sujetos por unas fascias y unos músculos que con cuatro puntos de apoyo configuran tres arcos y una única bóveda.

Los apoyos de los pies en el suelo, determinan las fuerzas automáticas de reacción en sentido ascendente hasta la pelvis y la zona lumbar. Para utilizar los pies como estrategia de construcción postural, tendremos en cuenta varios aspectos: La base de sustentación: dibuja y determina la disposición de los pies en el suelo debe ser la adecuada para lo que hacemos. Debemos ampliarla en el sentido del movimiento, a fin de que la mayor parte de las estructuras corporales que vayamos a utilizar se encuentren localizadas dentro del espacio creado entre los dos pies. Puntos de apoyo: En los pies, encontramos diferentes puntos desde los que crear fuerzas en sentido ascendente. Estos son puntos de descarga de pesos, pero también puntos de activación de fuerzas. Podemos hablar de dos puntos delanteros (bajo el 1º y el 5º metatarsiano) y dos traseros (en el talón). Las reacciones musculares cuando utilizamos unos u otros como zona de carga, es diferente. Si el apoyo es mayoritariamente posterior, la zona abdominal está más relajada; si el apoyo es anterior está activada. Esto no quiere decir que el peso debe estar delante, sino que durante los movimientos, el traslado de pesos de un pie al otro, y especialmente en el sentido del movimiento, garantiza que la musculatura abdominal y la del resto del tronco estén activadas, evitando que estructuras insuficientes soporten todo el esfuerzo. Este trabajo, favorece sinergias y contracciones en sentido ascendente que tienen como resultado un diseño del movimiento adecuado, protector y estabilizador de la zona lumbar y pélvica.

Provocando repuestas desde las manos y en sentido distal-proximal

La extremidad superior, está formada por los segmentos óseos de las manos, antebrazo, brazo y cintura escapular (que incluye escápula y clavícula). La mano es el elemento funcional que nos permite coger cosas, el codo sirve para alejar y acercar la mano al tronco y el hombro es responsable de orientar la mano y el brazo en el espacio manteniendo la posición deseada.

Por eso, los músculos que sostienen la escápula y la orientan, deben tener tono suficiente para garantizar esas posiciones, pero, a la vez, disponer de la elasticidad necesaria para garantizar las amplitudes articulares. Cualquier restricción en la movilidad del hombro supondrá una sobrecarga en las estructuras tendinosas del hombro, los músculos y articulaciones cervicales y también en las lumbares.

Dependiendo de lo que hagamos con las manos, de lo que queramos coger o como tengamos que manipularlo, se programará la respuesta en el resto del brazo pero también en el tronco, ya que éste, tiene la finalidad de dar buenos puntos de apoyo a la mano y estabilizar la posición del brazo en el espacio, de modo que podamos realizar la manipulación deseada.

Un ejemplo fácil para entender lo explicado, es el uso de un objeto para escribir. No organizamos la posición y la postura de la misma manera, cuando usamos un bolígrafo o una pluma. La pluma requiere simplemente deslizamiento, en cambio, el bolígrafo nos obliga a provocar una presión que acompañe al deslizamiento.

Dependerá qué músculos reclutemos en el tronco para estabilizar el movimiento del brazo, lo que provocará que tengamos un mayor o menor impacto en las estructuras de la columna. Además, debemos tener en cuenta, que el uso de fuerzas de empuje desde el brazo, facilita la contracción de la musculatura de la faja abdominal, y por lo tanto de las fuerzas ideales de estabilización de la columna.

Otra cuestión a tener en consideración, es el uso que le damos a la mano, dependiendo como sujetemos el objeto, estaremos facilitando una u otra respuesta muscular en sentido distal proximal. Por ejemplo, cuando utilizamos los tres primeros dedos, y no la mano completa, estamos facilitando la tensión de los músculos superiores del hombro y dificultando la activación de los inferiores.

p>Controlando la Presión Interna Abdominal

Utilizamos el término Presion IntraAbdominal (PIA), al hablar de un interesante mecanismo de estabilización que presenta el tronco, el cual forma la cavidad abdomino-pelviana (el diafragma, suelo pélvico y transverso abdominal) sumamente efectivo a la hora de realizar esfuerzos, levantar, bajar, empujar o arrastrar pesos.

En la cavidad abdomino-pelviana, encontramos un grupo de músculos tónicos cuya activación coordinada crea un ingenioso sistema de presiones, convirtiendo la cavidad abdominal en un complejo hidroneumático. La función principal del sistema, es proteger la columna y absorber las cargas de esfuerzo realizadas por el tronco y la extremidad superior. Cuando el sistema es deficiente, la columna debe soportar la mayoría del peso y asumir una parte importante del esfuerzo, lo cual aumenta considerablemente el riesgo de dañar sus estructuras discales y articulares.

El nivel de Presión Intra abominal (PIA) es consecuencia de la acción coordinada de tres músculos principalmente: transverso abdominal, músculos del suelo pélvico o periné y diafragma. La alteración de cualquiera de estos tres músculos provocará deficiencias en el funcionamiento del conjunto. La PIA resultante tiene implicaciones funcionales que debemos conocer:

PIA normal o normo presión: ligeramente negativa. Tiene una función de sostén del peso de la caja torácica, los brazos y la cabeza a fin de que este no recaiga en las estructuras lumbares. Depende de la actividad tónica en reposo del Transverso abdominal, el tono elástico del suelo pélvico y el movimiento libre del diafragma.

Cuando la PIA es positiva, existe hiperpresión. Estas fuerzas sirven para realizar las funciones fisiológicas de expulsión: tos, vómitos, estornudos, defecación, expulsión de gases, expulsión en el parto. Son esfuerzos que se realiza normalmente con una apnea post inspiración y no protegen la columna.

PIA negativa o hipopresiva (vacío): se consigue cuando los músculos implicados se coordinan consiguiendo una presión más negativa que la normal en la cavidad abdominal (sensación de aspiración y vacío). Nos permite realizar esfuerzos con las estructuras lumbares protegidas. Asociado a la apnea pos espiración o a la fase espiratoria.

 

 

Postural es un centro que después de más de 15 años de experiencia profesional ha desarrollado su propio método, aplicado ya en más de 10.000 personas con resultados sorprendentes en la mejora de la salud y bienestar a través de la actividad física.

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